domingo, 22 de noviembre de 2015
El sosiego andaluz
Era una noche tranquila, sosegada, la calma se apoderó de aquella malagueña Sierra de las Nieves, durante los fríos primeros días de enero. El lejano sonido de las risas y el murmullo de los amigos dentro de aquella casa antigua quedaba insignificante junto a la absoluta calma, interrumpida por una liviana y muy suave brisa de aire frío de los helados lugares del Norte. Observaba, en el patio, cómo un cielo, iluminado por una luna llena, reinaba sobre el sosiego de aquella montaña. El campo de estrellas que habitaba en el cielo era inmenso. Mientras tanto, dirigí la mirada hacia la casa, donde tras una pequeña cortina sepia, se podían ver difusas sombras, producto de la felicidad y calor familiar reinante. Volví la mirada al cielo, y me pregunté... ¿Cómo un universo lleno de ciencia, ruidos, complejidad... puede transmitir a la tierra tanta tranquilidad, y por ende, a mí?. De repente, una pequeña estrella fugaz logró coronar aquellos momentos, en aquel patio con la única luz procedente de aquella Luna imperante, que daba, en medio de la oscuridad, una luminosidad leve pero mágica. Saliendo de casa, mirando más al frente, se divisaba Yunquera, el pueblo más cercano, con sus escasas farolas y sus casas llenas de gente y amor, viviendo en paz estos fríos primeros días del año. Volví a casa, pensativo, y al abrir la puerta, me uní al buen ambiente que había en casa.
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